Destacada

¿Qué es Ítaca?

“Ten siempre a Ítaca en la memoria.
Llegar allí es tu meta.
Mas no apresures el viaje.
Mejor que se extienda largos años;
y en tu vejez arribes a la isla
con cuanto hayas ganado en el camino,
sin esperar que Ítaca te enriquezca.
Ítaca te regaló un hermoso viaje.
Sin ella el camino no hubieras emprendido.
Mas ninguna otra cosa puede darte.
Aunque pobre la encuentres, no te engañará Ítaca.
Rico en saber y vida, como has vuelto,
comprendes ya qué significan las Ítacas”.

K. Kavafis

    El camino de las utopías es el viaje hacia Ítaca. La Historia avanza a golpe de desencanto, pero gracias al viaje recorrido las condiciones de vida han mejorado, en comparación con la difícil supervivencia hace dos siglos. 

   Durante el trayecto descubrimos que hay dos ítacas: una idealizada, que nos hace viajar, y otra de crudo realismo, a la que llegamos cada cierto tiempo. 

   La primera fue transmitida por Eduardo Galeano, idea original del cineasta Fernando Birri: “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”. 

   La segunda es menos bella. Un ejemplo de Ítaca agridulce fue la consecución del estado de bienestar. Gracias a la presión social vivimos, al menos en Europa, una situación inimaginable hace cien años. Ítaca, en La Odisea representación del hogar, es el sueño de un futuro digno en nuestra casa.

La política de las palabras

   La Universidad de Edimburgo retira el nombre “David Hume” a una de sus torres, y este hecho lleva a reflexionar sobre el mundo de las palabras y su relación con los hechos. Es cierto que Hume llegó a afirmar la inferioridad natural de las personas con color de piel negro, que la única diferencia respecto a alguien con la piel de color blanco es eso, una diferencia de color de piel. En la actualidad asumimos que solo existe una raza humana y que los prejuicios, muy presentes por desgracia, son propios de la ignorancia. Sin embargo, en su época esa ignorancia era sentido común incluso para una persona del nivel conocimientos de Hume. Y aquí entra en juego mi pregunta: ¿estaríamos discutiendo sobre esto sin personas como Hume? No olvidemos que se atrevió a discutir los dogmas religiosos y a defender el razonamiento lógico, siendo denostado por todo creyente acérrimo. Afirmo que, sin Hume, o al menos sin el mundo que dio a luz a Hume, difícilmente estaríamos discutiendo sobre estos temas.

   Entro en esta polémica para criticar la política de las palabras. Las palabras son importantes, pero no son entes autónomos que, al sustituirse, vayan a transformar la realidad. Contribuyen a nombrar la realidad, pero lo que hay ahí afuera es un sufrimiento material, real, de hechos. En la relación entre las palabras y los hechos primero están los hechos y después las palabras. La ingeniería del lenguaje que se desacopla de los hechos lleva al alejamiento de la realidad, a la pérdida de rumbo. Este es un caso claro: se ataca a una figura clave de la Ilustración, sin la cual no estaríamos debatiendo sobre la propia retirada del nombre a la torre de la Universidad de Edimburgo. Creo que la política de las palabras lleva a dos graves problemas, uno social y otro político.

   El problema social es la extrema corrección, el excesivo cuidado de las palabras que lleva a la represión de las emociones. Hemos pasado de “la costumbre con costumbre se cambia” a “la palabra con palabra se cambia”, dotando al lenguaje de una irreal autonomía. Somos animales que hablan, animales. Dame salvajes en las palabras y correctos en los hechos, y no correctos en las palabras y salvajes en los hechos.

   El problema político es el espectáculo de la palabra, ese abandono de la ética del ejemplo por la palabrería. Los partidos políticos nos entretienen con discusiones, triunfan los oradores que atraen -demagogos-, pero la realidad cambia muy poco. Cada persona cree tener siempre la razón, por lo que solo necesitaría triunfar, y en nuestros tiempos se gana a través de las palabras. El antiguo sindicalista honrado del barrio, que inspiraba con su ejemplo, es sustituido por el político que ofrece poco más que palabras.

   Es fácil suprimir un nombre del pasado, pero difícil cambiar el presente. Es fácil improvisar para aumentar o mantener la cuota electoral, pero difícil plantear proyectos. En resumen, dejémonos de palabrería y vayamos a los hechos. La realidad es tozuda, con una gran pérdida de bienestar en los países del Norte y, sobre todo, realidades cotidianas difíciles en el Sur global. A mí poco me importa el nombre de una torre, pero sí me importa la extrema pobreza, la falta de certezas sobre si mañana habrá alimentos encima de la mesa. Con una muy grave crisis económica a la vuelta de la esquina, en mitad de una pandemia y cerca de una inédita crisis climática, hoy es más importante que nunca pasar de las palabras a los hechos.

La musa y la medusa

Hace tiempo que no siente

cautivo y desarmado

el rojo que no miente.

En este siglo sin musa

apuesta por la medusa

que te mira y eres piedra

dando siempre más de lo que lleva.

Arriesga tu rojo al negro,

futuro cromático

siguiendo lo clásico.

Algunos te dirán “tonto”,

pero el camino del sentir

enfrentado siempre al monto

es la sinfonía del buen vivir.

Aun sin ser a la primera

nunca dejes de creer,

de seguir la quimera.

Vibración ilusionante,

que a primera vista late

en tiempos de mar y plata

cuando alguien le inyecta mate.

Te preguntas hasta cuándo,

nunca piensas en el cuánto,

pero te diré algo: eso es vida, cuate.

El libro colaborativo

   ¿Por qué seguir escribiendo libros sobre reflexión social de forma solitaria en la era digital? ¿Es necesario el reconocimiento del autor? Estas dos preguntas inician la propuesta del libro colaborativo, a medio camino entre la utilización de herramientas digitales y la superación del ego en tiempos excesivamente individualistas. El proyecto busca ofrecer un libro sin autor en el que toda persona pueda colaborar.

   La primera propuesta lanzada en redes sociales fue acerca de un libro amplio sobre análisis político y social. Creo que fue un error de partida. Ojalá en el futuro se llegue a la realización de un proyecto tan ambicioso, pero antes debe ponerse en práctica la metodología a través de proyectos más sencillos.

   Es muy difícil diseñar una metodología eficiente para un proyecto participativo. Mi propuesta, a debate, es basarse en la lógica de preguntas y respuestas -en el clásico método socrático-, deliberando con posterioridad las respuestas adecuadas para las preguntas con respuesta. De este modo, se obtendría el material para la posterior discusión de las líneas lógicas, capítulos y redacción – llevada a cabo por un grupo de personas con experiencia en el ámbito-.

   La propuesta de organización se basa en grupos de trabajo autónomos, con coordinador/a y coordinados entre sí, con la posibilidad de participación para toda persona. Toda persona participante se incluiría en los grupos telemáticos de discusión y en el foro, añadiéndose herramientas para la votación de las conclusiones.

   Se trata de un proyecto abierto, plural y participativo. Lanzo una propuesta de temática para la elaboración del libro colaborativo: la utopía. ¿Es necesaria la utopía en nuestros días? ¿Era el 15M un arma cargada de futuro? ¿Qué utopías pueden dibujarse en estos tiempos claroscuros? Creo que puede ser interesante probar, sea con este tema o con otro, la elaboración de un libro abierto a la participación de cualquier persona, un libro en el que no importe quién lo escribe, sino qué se escribe, aportando el mayor número posible de puntos de vista.

La carta que despide una época

   Este año muestra un nuevo evento insólito, un rey yéndose del país donde fue el indiscutible Jefe de Estado y despidiéndose a través de una carta. En una situación como esta, con la apertura de la posible transición del sistema político, cabe recordar una frase de Manuel Azaña: “La posición de un hombre político se determina de esta manera: una tradición corregida por la razón”. Todo cambio debe realizarse desde la serenidad de las razones.

   El sistema político del 78 está variando desde sus cimientos, sustentados en la figura de Juan Carlos de Borbón. Los síntomas de agotamiento apreciables desde hace diez años ya empiezan a ser una realidad. Está naciendo algo nuevo.

   ¿Es necesario cambiar el sistema político del 78?

   Sí, para mejorar la dinámica de los partidos políticos y la convivencia territorial. Pero cambiar el sistema político sin variar el sistema económico y social, en este momento, es achicar agua mientras el barco se hunde. Vivimos un momento extraordinario que obliga a realizar cambios extraordinarios. Si llegan será por las demandas sociales y el buen hacer de los actores políticos. Con relación a los espacios políticos, hay seis grandes bloques o partidos para una nueva Transición:

   Vox plantea una oposición frontal a la evolución progresista del país, pendiente del simulacro de moción de censura para la vuelta de vacaciones. Más que un simulacro cargado de futuro recuerda a los simulacros de incendios en los colegios, que casi nadie tomaba en serio, pero nunca se puede minimizar el impacto de la ultraderecha.

   El PP debe elegir entre el sentido de Estado y seguir haciendo el juego a Vox, que solo genera tensiones innecesarias. Es lógico hacer oposición, pero los momentos extraordinarios como el actual requieren soluciones extraordinarias. Hasta ahora el PP va a la zaga de Vox, por delante en las encuestas, pero por detrás en las tácticas.

   Ciudadanos parece estar recomponiéndose. El partido tecnocrático, de élites liberales, sufrió enormemente el viraje a la derecha de hace un par de años. Ahora tiene la posibilidad de demostrar que es útil. Un partido tecnocrático se basa en la utilidad.

   El PSOE parece ser el actor central sobre el que pivoten estos nuevos tiempos. Hasta ahora está realizando una gestión moderada en las formas, pero con grandes cambios en el fondo. Es el partido más longevo del sistema político español, con gran maestría para cabalgar las contradicciones.

   Unidas Podemos está presionando para garantizar la evolución progresista de la sociedad, pero es un proyecto que muestra síntomas de agotamiento. El espacio político para la innovación progresista lleva años sin recuperarse del fallido intento de “asalto a los cielos”. Solo una implosión de este espacio puede garantizar la imprescindible innovación política.

   Los partidos nacionalistas se debaten entre el posibilismo y la culminación de las aspiraciones de independencia. La clave de los próximos meses será la posición de ERC, que se debate entre la defensa numantina de la independencia o la contribución a las soluciones para esta crisis. El PNV continúa siendo un partido muy inteligente, capaz de gestionar con solvencia y llegar a acuerdos.

   ¿Qué cambios pueden venir?

   Los cambios, en el caso de una evolución progresista del sistema, parece que girarían en torno a cuatro grandes cuestiones:

  1. Transición Ecológica y Digital.
  2. Nuevo acuerdo entre generaciones y territorios.
  3. Civismo republicano.
  4. Unión Europea.

   Hasta ahora hablar de una República Española era un tema tabú, que recordaba a los enfrentamientos de la Primera y la Segunda República; ya no es así. Si nace una República será a través de las razones, y no de los enfrentamientos. En estos tiempos resuena un lema añejo: “Salud y República”. Salud, para superar un momento tan complicado, y República, para afrontar mejor cualquier momento complicado.

Unas pocas certezas

   Pensar sobre el funcionamiento de las personas y las sociedades lleva a introducirse en territorios recónditos, alejados de las comodidades de las soleadas playas, donde un mar de dudas no permite observar la costa; pero las brújulas ayudan a otear el horizonte siguiendo la dirección adecuada, y las brújulas de las relaciones humanas son las certezas.

Unas pocas certezas sobre las personas y las sociedades

  1. El estudio de las relaciones sociales puede llevarse a cabo a través del análisis de las acciones, los actores, los sistemas, las redes… Pero hay un consenso lógico: existe retroalimentación entre individuo y sociedad, es decir, no existe el individuo aislado de la sociedad. De este modo, la voluntad individual es un mito, ya que la persona es un producto de casualidades biológicas y condicionantes sociales. La voluntad es una ficción para sobrellevar las vidas cotidianas, pero no es un objeto de estudio serio. Somos realidades materiales.
  2. Las relaciones sociales se basan en las lógicas de poder y en los razonamientos lógicos; el pensamiento social también. El poder responde a las dinámicas instintivas, se puede apreciar en cualquier otro animal. La lógica se ha desarrollado de forma extraordinaria en las personas, permitiendo razonar para obtener certezas. Los estudios de las relaciones sociales no arrojan verdades tan profundas como las de la Física, pero sí certezas lógicas que permiten un mejor desarrollo de las sociedades.
  3. Hay dos tipos de debates: complejos y complicados. Los debates complejos siguen el razonamiento ecológico, y es necesario encontrar equilibrios; en estos debates no existe una resolución posible. Por ejemplo, la relación entre Libertad y Seguridad. Los debates complicados siguen el razonamiento matemático, y es posible resolverlos. Por ejemplo, la oposición entre racismo y antirracismo. En estos puntos se enumeran cuestiones complicadas, de posible resolución lógica.

Cómo las certezas influyen en la Política

  1. Las doctrinas que hacen referencia a la voluntad humana, el éxito individual y el mito del superhombre son falsas. Los seres humanos dependemos en gran medida del entorno, y lo que no dependemos del entorno se lo debemos a las características de nacimiento. De este modo, ideas como la soberanía individual o la soberanía de la sociedad son falsas en términos lógicos, ya que plantean preguntas complejas sin posible respuesta. Individuo y sociedad se retroalimentan generando problemas complicados y complejos.
  2. Es importante diferenciar las lógicas del poder y el razonamiento lógico. Las lógicas del poder rigen las relaciones entre los partidos políticos, ya que los partidos políticos realizan un ejercicio de competencia en un mercado electoral. El razonamiento lógico se encuentra a veces en los partidos políticos y puede ser la base de los principios, además de una herramienta para la movilización del partido y la desmovilización de los rivales. Las ideologías políticas son enfoques para observar la política; de nosotros depende que esos enfoques sigan las lógicas del poder, para ampliar el capital económico o simbólico, o razonamientos lógicos.
  3. En la práctica política es posible resolver de forma lógica los problemas complicados. Por ejemplo, la oposición entre las acciones para atenuar los efectos del cambio climático y la negación del cambio climático. El principal conflicto, de naturaleza compleja, surge por la oposición entre el mercado y los derechos. Los equilibrios en este debate responden a la lógica de los equilibrios entre Libertad e Igualdad/Seguridad. No existe una respuesta lógica al antagonismo entre la libertad de la competencia y la seguridad e igualdad de los derechos. Para la resolución de los problemas es imprescindible cuidar una esfera pública que favorezca el debate, ya que los debates complicados se resuelven mediante el razonamiento intenso y los debates complejos se equilibran a través del razonamiento extenso -razonamiento que abarque el mayor número de puntos de vista posible, una vez aceptadas las resoluciones para los problemas complicados-.

El motivo de las certezas en la Historia

   La evolución de la Historia tiene ejemplos de sacrificios por principios ideales, tanto racionales como irracionales, pero generalmente se basa en la competencia entre sistemas -dentro de los sistemas hay organizaciones, que son un tipo de sistema-, con dos grandes conflictos: la lucha entre las élites y la lucha entre las bases y las élites. Estos conflictos siguen los principios de las relaciones de poder, con una gran herramienta humana: el razonamiento lógico. En el caso de los descubrimientos científico-técnicos esta realidad se ve de forma clara; por ejemplo, la lógica científico-técnica lleva a la invención de avances en tecnologías militares. En el caso de la lógica aplicada a las relaciones sociales también.

   Las tecnologías del lenguaje para la ampliación del poder sirven a una doble estrategia: la movilización del sistema/organización propia y la desmovilización del rival. Las certezas generan cohesión entre quienes la aplican y desunión en quienes la sufren. Por ejemplo, la lógica de las ideas democráticas movilizó a millones de personas que lucharon para tumbar sistemas sin posibilidad de control ciudadano.

   Aquello que se llamaba el espíritu de los tiempos es la evolución de la lógica, ya que las nuevas élites se sirven de la lógica para sustituir a las antiguas élites. No se trata de un espíritu, en términos idealistas, sino de una tendencia material dentro de la competencia entre sistemas, observable en el largo plazo; es el trayecto de la Historia de la Humanidad, aceptando un margen de error para esta tendencia: la manipulación a través de la irracionalidad, preocupación creciente, y los momentos de la Historia donde el poder de las armas barre los cimientos del debate lógico previo.

   El camino de la lógica, de las certezas, marca el rumbo para la mejora de las sociedades, teniendo como objetivo una emoción universal: la felicidad. Y siguiendo ese camino vivimos mejor que nunca, aunque acechen una vez más los peligros de tiburones, vientos que empujan al pasado y demás preocupaciones de todo viaje.

Cuando el género es motivo de disputa

“Nun yes tú, nun yes, nun yes tú, qué vas a ser: presumíes de ser bon mozu y agora yes una muyer”,

Letra de Los Berrones que, escuchada hoy en día, delata la evolución de nuestra sociedad durante los últimos años, la disminución de la todavía muy presente transfobia. ¿No eres tú? En un gran número de idiomas ser y estar son la misma palabra. Al fin y al cabo, no hay diferencias radicales entre ser y estar; eres como estás, en un espacio y en un tiempo. La diferencia entre ser y estar recuerda al debate entre sexo y género; debate solo posible para los humanos, de entre todos los animales, pero debate de actualidad.

   No niego la importancia de lo sólido, de las categorías y matices, pero sí critico las trampas del lenguaje, sobre todo cuando se utilizan con intenciones políticas. La teoría de la Posmodernidad, ese conjunto de ideas en que todas las certezas se desvanecen, solo importa el relato y la estética borra del mapa la ética, es criticable desde cualquier punto de vista racional. Pero nos ha enseñado muchas cosas; en la línea de la popular frase atribuida al recuperado ídolo posmoderno, Nietzsche, “lo que no te mata te hace más fuerte”. Si la Posmodernidad no ha matado las certezas, los métodos racionales, solo puede hacerlos más fuertes.

   Sabemos que no existen verdades eternas, que casi todo es contextual y plural, frente a los intentos modernizadores de hace doscientos años, cuando se aspiraba a construir paraísos en la tierra y se debatía sobre la naturaleza humana. La Posmodernidad nos ha recordado la importancia del camino. Recuperar los valores de la Modernidad, tras el aprendizaje de la Posmodernidad, lleva al empleo de la razón como método, no como fin. Pensar en la importancia de las palabras, los debates, el entendimiento y las pretensiones de validez para comunicarnos: inteligibilidad, verdad, validez moral y sinceridad, bases para las comunicaciones transparentes formuladas por el gran Habermas.

   Y aquí entra en juego el tema trans. Quien tiene principios, y es hombre en un sistema patriarcal, no apoya el feminismo como trampa dialéctica para lograr fines, como cesión ante una presión. Defiende el feminismo, al igual que la lucha contra la desigualdad económica o contra la corrupción, por principios. Es consciente de los privilegios de ser hombre -profesionales, ausencia de miedo frente a violaciones, más facilidades para intervenir en asuntos públicos…-. También comprende que gran parte de los problemas parten de la degradación competitiva entre hombres, de la lucha histórica entre machos alfa. En este momento, con una grave crisis climática por delante fruto de la competencia exacerbada, el feminismo cobra la épica de las causas justas, recordando que quienes han ejercido los cuidados mayoritariamente han sido las mujeres. Con ese feminismo, el que defiende un aumento de los cuidados, que defiende el bien común para contrapesar la competencia y la mercantilización, me siento muy reconocido. Sin embargo, cuando oigo a algunas mujeres feministas reírse, de forma más o menos elaborada, de la transexualidad reconozco un comportamiento parecido al del machista que se siente seguro.

   Siendo un observador externo que simpatiza con la igualdad, creo que el debate sobre el tema trans dentro del feminismo gira en torno al debate clave para casi todos los temas políticos: principios o intereses, es decir, igualdad y desjerarquización de la sociedad o empleo de las diferencias para maximizar las utilidades personales o grupales -en términos políticos, el poder-. Este es el principal debate político.

   Cuando veo a algunas feministas adoptar los prejuicios frente a la transexualidad, con argumentos renovados pero viejos, veo la lucha por la maximización de utilidades. Veo a personas que no defienden principios, sino intereses, que no piensan en una sociedad donde se disminuyan las desigualdades, sino en poder ejercer el mismo poder, y de la misma forma, que los hombres.

   Para las trampas dialécticas todo da igual: es común mezclar el cambio de género/sexo -no veo una gran diferencia entre los dos conceptos porque no soy esencialista y la biología no determina-, gestación subrogada -vientres de alquiler- y prostitución. Tres debates muy diferentes, pero recurrentes de forma extraña cuando se empieza a hablar del tema trans. ¿Por qué creo que se mezclan? Porque cuando se busca maximizar utilidades individuales o grupales las pretensiones de validez para la comunicación no importan. Solo importa ganar.

   El tema trans es la prueba de fuego para entrever cómo será el feminismo mayoritario en el futuro. Hasta ahora las demandas del feminismo han sido razones, justicia frente a las desigualdades, punta de lanza del progreso social. Ignorar la vida de las personas transexuales, pensar la política defendiendo los intereses y no los principios, llevaría a repetir los errores del pasado -que es un nombre masculino y singular-.

Vox

   Durante los últimos días ha crecido la polarización, la exaltación de la extrema derecha. Este artículo busca analizar el origen y las bases del principal partido ultraderechista en nuestro país, Vox.

   El sistema español, en su etapa de declive, generó a Vox. Cabe preguntarse: ¿de dónde surge este metasistema? Para responder a esta pregunta es importante analizar dos características del sistema español: la primera etapa autoritaria de instauración (1960-1975) y su enmarque en el entorno global con una fuerte interconexión. De este modo, Vox surge como nostalgia del gran desarrollo sistémico durante la primera etapa y como imitación de otros fenómenos parecidos en el ámbito internacional.

   La nostalgia es un sentimiento común durante el declive de los sistemas, cuando se piensa que todo tiempo pasado fue mejor. Es lógico que un sistema en declive genere un metasistema nostálgico, aunque también cabe decir que al lugar donde has sido feliz nunca debieras tratar de volver, aprendizaje de la Comala de Pedro Páramo. La lógica del cambio, evolución constante de los sistemas, dificulta la adaptación de los metasistemas nostálgicos.

   Durante los años sesenta, época del “milagro económico español”, el país se desarrolla de una forma espectacular. En cada familia hay relatos de vida sobre la gran mejora del bienestar durante esa etapa. Por otro lado, el secreto de este gran desarrollo se encuentra en la apertura al exterior tras el periodo de autarquía. Es imposible repetir este fenómeno; ya nos encontramos inmersos en el mundo globalizado.

   Esta etapa llevaba en su interior un nuevo sistema menos jerarquizado, abandonando el régimen autoritario, y con oportunidades. El metasistema que nació como sistema en los años sesenta llevaba en sus entrañas un nuevo país ahondando en la evolución progresista. Las contradicciones entre bases y élites llevaron a un sistema con oportunidades.

   La segunda característica importante en el surgimiento de Vox es la imitación de otros movimientos del populismo reaccionario -Trump, Le Pen, Bolsonaro, Salvini…-. La fuerte interconexión entre el sistema español y el entorno internacional lleva a la imitación de fenómenos que surgen en otros países. Es importante analizar las razones que subyacen en el auge de los populismos reaccionarios.

   La globalización de la economía provoca malestar en una gran parte de la sociedad. La precarización del mercado laboral genera inseguridades. En esta situación aumenta la mixofobia, el miedo/odio al distinto. Los movimientos reaccionarios aprovechan esta situación para volcar el odio en los migrantes. Aprovechan esta situación empleando la clara estrategia populista del chivo expiatorio, es decir, el empleo de una parte de la sociedad como objeto de todos los males.

   También destaca el odio al feminismo. La evolución progresista de la sociedad reduce la estructural desigualdad entre hombres y mujeres. Todo cambio genera disonancias en algunas vivencias cotidianas. El populismo reaccionario manipula el malestar de algunos hombres y utiliza el feminismo, al igual que sucede con los migrantes, como chivo expiatorio.

   El origen de Vox se encuentra en la nostalgia y en la canalización del malestar fruto de la apertura del sistema al entorno globalizado.

   Sorprende el rápido desarrollo de Vox como partido político. En apenas tres años se ha convertido en la tercera fuerza política. En relación con su ideología, dentro de la escala de 1 -extrema izquierda- a 10 -extrema derecha- tiene una media de 9,42 (CIS, 2020), con una percepción social claramente escorada a la extrema derecha. Para ahondar en este fenómeno se analizarán las bases con una ideología muy afín a VOX (9-10 en ubicación ideológica) y el espacio político que potencialmente puede abarcar (7-10 en ubicación ideológica).

   Durante los últimos cinco años las personas que se ubican en la derecha-extrema derecha (7-10) han aumentado de forma notable. De representar un 11,8% en 2015 (CIS, 2015) a un 15,3% en 2020 (CIS, 2020). Supone un incremento del 30%. Por otro lado, si se analiza la serie temporal de los últimos diez años este dato no es tan significativo. En 2010 un 13,4% de los españoles se ubicaban en la derecha-extrema derecha (CIS, 2010). El incremento entre 2010 y 2020 es del 14%. Considerable, pero no tan amplio como la evolución durante los últimos cinco años. Cabe destacar una generalidad para los estudios de intención de voto: en la ubicación ideológica de derechas hay mucho “voto oculto”, es decir, muchas personas que no se reconocen públicamente en la derecha, pero votan a la derecha. Por otro lado, la escala de 1 a 10, empleada de forma generalizada, tiene un sesgo hacia la izquierda, ya que la ubicación en el 5 se encuentra en el centro-izquierda; cuando una persona que responde “5” suele querer identificarse como de centro. 

   Ahora analicemos el dato más significativo: la ubicación ideológica 9-10. Tanto en 2010 (CIS, 2010) como en 2015 (CIS, 2015) representaba un 2%. En 2020 representa un 4% (CIS, 2020). Llevado a cifras absolutas en términos poblacionales, quiere decir que en los últimos cinco años hay 940.000 personas más que se reconocen a sí mismas en la extrema derecha. 

   Es casi imposible predecir con rigor si esta tendencia continuará al alza, pero la tensión de las últimas semanas muestra una mayor polarización de la sociedad. Por otro lado, cabe mencionar las contradicciones internas del discurso de Vox, debilidad para asentar y ampliar sus bases. Vox, al igual que la mayoría de los partidos populistas de ultraderecha, tiene dos almas: 

  1. La crítica anti-establishment. Parte del discurso apela a un supuesto sentido común progresista mayoritario, causa de los males de la sociedad. Ataca a los medios de comunicación progresistas y, en algunos casos, llega a mencionar una supuesta “conspiración globalista”.
  2. La defensa de la patria y el orden. Defiende la estabilidad y la seguridad por encima de cualquier otro valor. Esta parte del discurso se vertebra sobre un ultranacionalismo español.

   La actual crisis, con la vuelta a valores materialistas, salud y economía, pone a Vox en una situación contradictoria entre sus dos almas. Hasta ahora apuesta por la crítica anti-establishment, pero esta estrategia descuida su alma ultranacionalista  -seguridad y orden-. El futuro dirá cuál es la evolución de las bases de Vox, pero las actuales contradicciones no auguran buenos resultados para este partido político si se vuelve a un clima de estabilidad económica y política.

El mayo español

   La Historia tiene explosiones de casualidad, pero incluso las manifestaciones más espontáneas responden a ciclos históricos. Este es el caso del mayo español, concentraciones y movilizaciones iniciadas el 15 de mayo de 2011. Surge en un sistema en declive tras la crisis de 2008. Este fenómeno responde a dos factores: la crisis estructural del sistema español y la crisis estructural del sistema internacional. 

   La promesa de progreso en España desde la década de los sesenta choca con la realidad de su declive. De este modo, el 15M es un metasistema, una alternativa de evolución del sistema que plantea importantes cambios. Las principales demandas son:

  1. Denuncia de la corrupción. Los frecuentes casos de corrupción generan un gran malestar ciudadano. La transparencia, demanda creciente, reclama la fiscalización de los asuntos públicos.
  2. Demanda de participación ciudadana. Presente en otros países de nuestro entorno desde hace décadas, empieza a cobrar fuerza. Se reclaman canales de participación adaptados a las tecnologías del siglo XXI.
  3. Defensa del estado de bienestar. Los valores materiales, la defensa del bienestar económico, articulan parte de las demandas. Cabe destacar que ¡Indignaos!, libro de Stéphane Hessel, da nombre al propio movimiento. La idea fuerza del libro es la lucha por la mejora de la sociedad tomando como ejemplo el “espíritu del 45”, los grandes acuerdos tras la Segunda Guerra Mundial que instauraron el estado de bienestar.

   Poniendo el foco en las reclamaciones globales del 15M, el sistema internacional, hegemonía de los mercados, genera un gran malestar que explota durante aquellos días. Este fenómeno es heredero de los movimientos altermundistas y se encuentra, a su vez, hermanado con otros fenómenos posteriores como Occupy Wall Street o Nuit Debout. Entre sus demandas destacan:

  1. Contrapesos a los mercados internacionales. El 15M denuncia la enorme influencia de las grandes corporaciones en la toma de decisiones de los países (“lo llaman democracia y no lo es”).
  2. Democratización de la UE. Frente al indiscutible liderazgo de Alemania en la Unión Europea, se reclama la igualdad entre países que garantice el cumplimiento de los Derechos Humanos.
  3. Reducción de las desigualdades entre Norte y Sur. Siguiendo la estela de los movimientos altermundistas, se denuncia la pobreza en el Sur global, exigiendo planes de cooperación para la reducción de las desigualdades.
  4. Lucha contra el cambio climático. El ecologismo también está presente; este movimiento, en sus demandas internacionales, precede al actual fuerte movimiento ecologista.

   El mayo español fue un fenómeno imprescindible para comprender el presente. Cabe destacar la gran simpatía que despertaba, ya que más del 80% de los españoles apoyaba este movimiento (Havas Media, 2011). 

   El 15M recibía un gran apoyo porque, en el fondo de cada persona, hay una denuncia de las injusticias. El mayo español no buscaba aprovecharse de las buenas intenciones, sino gritar, en medio de una sociedad hiperindividualizada, que sigue existiendo la solidaridad por la defensa de un mundo mejor. Decía claramente: vivimos tiempos de autómatas sociales, máquinas para la competencia, pero seguimos siendo humanos. En el fondo, ¿qué nos hace humanos sino la emoción por el cambio de la sociedad hacia reglas del juego más justas? Si me preguntan que defina el 15M en pocas palabras diré que fue “una explosión de verdad cargada de futuro”.

El Día de los Trabajadores

   Imaginemos una tarde oscura en un suburbio londinense del siglo XIX. Personas deambulando, mendigando o cansadas de trabajar durante un mínimo de diez horas al día. Personas obligadas a abandonar el pueblo por un futuro incierto en la ciudad. Mientras tanto, lujosas carrozas cruzan los barrios de la gente que manda. 

   Karl Marx pasea por esos barrios como un fantasma, un agente doble, un burgués avergonzado del lujo. Este genio de la Historia era, como buen alemán adaptado al mundo anglosajón, una persona práctica. Ante la explotación de los barrios humildes, ¿cómo no generar un gran relato que liberase a los obreros de sus cadenas? Le imagino leyendo El Príncipe de Maquiavelo, fumándose un puro y pensando en la lucha de clases. Pensando que, con tal de evitar grandes sufrimientos, incluso el fuego puede ser buen aliado. 

   Ahora volvamos al año 2020. Durante los últimos dos siglos millones de personas han dado su vida para que en Europa vivamos de forma decente. Luchando por la mejora de las condiciones de vida, el voto femenino, la derrota del fascismo, la paz frente a los conflictos bélicos… En estas circunstancias, muy diferentes a aquella tarde oscura del siglo XIX, nos toca pensar el presente.

   Hoy en día los relatos de confrontación abierta se diluyen rápido. Pueden ser efectivos en el corto plazo, pero no generan bases sostenibles, como se aprecia con el proyecto populista. En nuestros tiempos se piden hechos, y no relatos épicos, efectividad y solvencia entre una gran oferta de políticas públicas. Un proyecto colectivo sólido para la mejora de las condiciones de vida.

   Es importante pensar el presente sin dogmatismos. Defender nuestra postura con coherencia y trabajar con seriedad para que mañana sea un día más justo que hoy.   Sin olvidar que la tarde oscura ahora se cierne sobre el Sur global, donde mueren personas de hambre a diario, y que nuestro placentero mediodía se basa en un crecimiento insostenible que lleva hacia una crisis climática sin precedentes.

   En Ítaca en el siglo XXI. Ecologismo y democracia defendí mi posición -creo que este proyecto se encuentra en la unión entre ecologismo, feminismo y demandas democráticas, entendiendo que en una democracia plena se defiende la igualdad, es decir, la demanda de los trabajadores-. Pero el libro, al fin y al cabo, sirve para otro tema mucho más importante que mis opiniones: debatir de forma colectiva, compartir y fortalecer una esfera pública crítica.

El sistema español, de 1960 a 2020

   Describir un sistema que abarca sesenta años de nuestra historia dejará matices sin abordar, al igual que observar un paisaje lejano impide fijarse en los pequeños detalles. Sin embargo, buscaré sintetizar los rasgos principales y las conclusiones que se pueden extraer del análisis del sistema español nacido en la década de los sesenta. En primer lugar, ¿cómo funcionan los sistemas sociales? De forma parecida a los ecosistemas naturales, con ciclos de vida, pero con rasgos propios de las características humanas. 

   No existen generalidades que se deban cumplir siempre en la evolución de los sistemas sociales, pero hay modelos de sistema, lo que permite su análisis. El modelo del sistema español contemporáneo se define por el desarrollismo dependiente del entorno[1]. El sistema evoluciona rápidamente, pero se vuelve vulnerable frente al entorno del sistema (Unión Europea y mundo globalizado). 

   Un sistema desarrollista dependiente del entorno, durante las primeras fases, capta gran parte de recursos del exterior (económicos y culturales), pero esta capacidad de absorción es limitada, lo que genera una segunda situación: la fragilidad en el entorno, en este caso globalizado, sin la capacidad de absorción desarrollista previa. Si en ese momento las expectativas no se cumplen, y el sistema no sigue desarrollándose a base del entorno, comienza el declive[2].

    Las etapas para analizar el sistema español contemporáneo son las siguientes: 

   Instauración (1960-1975): la etapa de instauración genera las bases de los hábitos[3] y las reformas económicas, nuevas normas del nivel de la política realizadas por quienes tienen capacidad de programación -poder-, que delimitan la aparición de un nuevo sistema.

   Asentamiento (1976-1991): la etapa de asentamiento confirma las bases de la etapa de instauración, dotando de mayor claridad a las normas que permiten un desarrollo más eficiente de las redes del sistema.

   Plenitud (1992-2008): la etapa de plenitud es el punto álgido del sistema, el momento en que su programación llega al máximo nivel de desarrollo.

   Declive (2009-2020): la etapa de declive muestra síntomas de agotamiento del sistema. Se comienza a señalar a las élites -se pone en tela de juicio la programación de las redes-.

   Desintegración: la etapa de desintegración sigue al declive. En este momento los síntomas de agotamiento se convierten en realidades y, o se genera un metasistema que sustituya/regenere el sistema[4], o este se ve abocado a la desunión sin confianza que puede llevar a su desintegración definitiva o a muy graves problemas de legitimidad.

   A continuación, se describe de forma breve la evolución de las cinco etapas en nuestro país.

Instauración (1960-1975)

   Un sistema social se diferencia de otro, como evolución de la situación previa, por cambios importantes en el nivel de los hábitos, inducidos generalmente por cambios importantes en el nivel de la política y, por supuesto, dependientes en gran medida de la economía. Este es el caso del nacimiento del sistema español contemporáneo durante los años sesenta. No identifico este sistema con ningún nombre concreto, más allá de la identificación con el modelo desarrollista dependiente del entorno, porque no se podría acercar a la complejidad del problema. Hay dos tipos de complejidad: inasible y estructurada[5]. Considero que dar un nombre al sistema forma parte de la complejidad inasible. Por otro lado, esta complejidad puede estructurarse, como se hará a continuación.

   El breve sistema previo (1939-1960) presentaba una clara organización fascista de la sociedad. Falange tenía la capacidad de influencia necesaria en Franco para programar las redes del sistema. Sin embargo, el ascenso de nuevas élites convirtió a un grupo de tecnócratas[6] franquistas en artífices del nuevo sistema, revolucionando el nivel de los hábitos.

   Destaca la adaptación de España al modelo económico del capitalismo fordista, ejemplificada en el Seat 600 -al igual que la sociedad de consumo empezó en Estados Unidos con la popularización del Ford T, y el modelo de negocio que traía consigo, en España, décadas más tarde, se repite con el Seat 600 como símbolo de la mejora de la capacidad adquisitiva de los trabajadores-. Frente a la economía de subsistencia anterior, autarquía, la apertura del país generó un impresionante crecimiento económico, con una media de crecimiento del PIB del 7,73%[7] entre 1960 y 1973, etapa del llamado “milagro económico español”. El sistema español se adaptó al entorno internacional inmerso en la incipiente globalización del mercado.

   El nivel de los hábitos se cimentó sobre cuatro principios: 

  1. El bienestar derivado del crecimiento económico. 
  2. La confianza en una España menos jerarquizada y con oportunidades.
  3. La visión cortoplacista, tanto en la economía como en el placer cotidiano.
  4. La apertura hacia el entorno global, especialmente hacia Europa.

   La última característica cobra especial relevancia. Durante los años sesenta se buscaba convertir a España en un país homologable al entorno internacional. Los hábitos se asientan sobre realidades materiales, económicas, que permiten que se desenvuelvan. Las bases de esta economía son la dependencia del turismo y capital exterior, unidas la modernización del bienestar, inicialmente con inversión en infraestructuras.

Asentamiento (1976-1991)

   Tras la muerte del dictador se instauran las bases políticas, institucionalizándose una democracia liberal a través del consenso. La programación autoritaria de las redes se sustituye por una programación democrática con élites.

   Todo sistema fue anteriormente un metasistema, un proyecto de sistema. El sistema de los sesenta planteaba la liberalización del país desde el Régimen Franquista. La evolución, tras la presión social durante décadas, llevó a la redacción de la Constitución de 1978 y a las bases de los Pactos de la Moncloa (1977).

   La programación de las redes del sistema responde al equilibrio y oposición entre las élites y la base -trabajadores-. Las élites cambian, absorbiendo a parte de la base, pero la mayor parte de ellas logran perdurar en el tiempo salvo en casos de disrupción -por ejemplo, tras la Revolución Rusa de 1917-.

   El nuevo nivel de la política cumplía la promesa de una España menos jerarquizada y con oportunidades. La nueva constitución establecía derechos y libertades únicos en el país, excepto durante el breve periodo de la Segunda República. Las relaciones de género empiezan a cambiar, en la línea de la desjerarquización -la superioridad jerárquica de los hombres sobre las mujeres, plasmada en el ordenamiento jurídico franquista, se vuelve menos rígida-. Como ejemplo, la Ley de Divorcio (1981).

   Durante los años ochenta las nuevas élites del PSOE, con poder dentro del sistema para integrar las demandas de la base, desarrollan una doble labor: la creación del estado de bienestar español y la entrada en la Comunidad Económica Europea (1986). De este modo, se cumple la programación económica inicial, es decir, la inclusión en el mundo globalizado a través de la integración en el mercado europeo -Comunidad Económica Europea- y la alianza con el proyecto transatlántico -OTAN-.

Plenitud (1992-2008)

   Las Olimpiadas de Barcelona de 1992, culminación de la integración de España en el entorno global, marcan el inicio del periodo de plenitud. Este hecho simbólico se acompaña de un factor crucial: el Tratado de Maastricht (1993), con la transición entre la Comunidad Económica Europea y la Unión Europea, dando comienzo a una integración mucho más amplia. Desde ese momento el sistema español depende y se enmarca en el sistema europeo.

   En el año 1993 estalla una crisis económica, hecho que puede mostrar contradictorio el inicio de la plenitud en 1992. Sin embargo, la plenitud de los sistemas no está determinada, aunque sí muy marcada, por el crecimiento y desarrollo de la economía. Esta crisis tiene origen en el entorno -crisis internacional-, afectando al inicio del periodo de plenitud. Durante los años setenta y ochenta también hay periodos de tensión y problemas económicos, pero la evolución del sistema continúa su curso. 

   Las élites del PP, tras la victoria en las elecciones de 1996, aceleran el desarrollismo económico iniciado en los sesenta, con la intensificación de la liberalización de la economía ya comenzada por Felipe González. Entre 1995 y 2007 la media de crecimiento del PIB es de un 3,5%[8]. Por otro lado, este gran crecimiento económico acentúa la llamada “burbuja inmobiliaria”, factor clave en la crisis de 2008. El atlantismo, la alianza con el mundo occidental y especialmente con Estados Unidos, encuentra su plenitud durante la participación en la Guerra de Irak, a través de un gran protagonismo del país en la OTAN. La creación de la moneda única europea, el euro, constituye un nuevo hito de la integración europea.

   A finales del año 2000 un 78,7% de los españoles se sentía muy satisfecho o bastante satisfecho con su vida, y solo un 9,6% se sentía bastante insatisfecho o muy insatisfecho[9], dato que corrobora cómo la programación de los hábitos había llegado a un nivel óptimo dentro del desarrollo del sistema. La primera legislatura de J.R. Zapatero (2004-2008) avanza en la promesa de desjerarquización de la sociedad -como hito el matrimonio homosexual-. La apertura al entorno global encuentra su plenitud cultural durante estos años.

Declive (2009-2020)

   La crisis de 2008 destapa los problemas económicos estructurales del sistema. La dependencia del entorno, unida al estallido de la “burbuja inmobiliaria”, agravan los efectos de la crisis internacional que empieza en 2007. En enero de 2014 un 86,7% de los españoles creía que la situación económica era mala o muy mala, mientras que un 81,8% creía que la situación política también era mala o muy mala[10].

   El modelo desarrollista dependiente del entorno, después de haber llegado a su apogeo, puede extraer menos recursos del entorno. Este hecho ralentiza el desarrollo del sistema, el cumplimiento de las promesas de su programación, y se vuelve frágil ante el entorno. En este momento deben analizarse los problemas de los entornos europeo y global:

  1. Crisis económicas con dificultad de respuesta de los estados, inmersos en la hegemonía de los mercados internacionales.
  2. Dependencia del Sur respecto al Norte en la Unión Europea, que obligó a una reducción del bienestar en el sistema español tras la crisis de 2008.
  3. Crisis globales, actualmente sanitaria, pero sobre todo climática, que plantean grandes retos de futuro.

   También destaca el conflicto territorial entre Catalunya y el resto de España, dato más del declive y riesgo de desintegración territorial del país. La crisis económica derivada de la presente crisis sanitaria pondrá a prueba, una vez más, la resistencia del sistema. Frente a las graves crisis se evoluciona a partir de metasistemas -modelos alternativos que surgen en el interior del sistema-. Hasta ahora hay dos metasistemas: 15M y Vox, que se abordarán en el siguiente apartado.

¿Desintegración?

   La etapa de desintegración destaca por la desunión y desconfianza en la programación de las redes, con graves fallos en los mecanismos de reproducción sistémica. El bienestar prometido a través de los hábitos no se cumple. El sistema, en estos momentos, necesita una evolución/sustitución. 

    Vox es un metasistema nostálgico de la primera etapa durante los años sesenta, de la fase de instauración. Sin embargo, la promesa de oportunidades y desjerarquización, unida a la evolución progresista del sistema durante los últimos sesenta años, obligan a ejercer represión en un sistema evolucionado desde el metasistema Vox. Este metasistema sigue la misma línea que los populismos reaccionarios en otros países.

   El 15M es un metasistema nacido de la propia tendencia aperturista del nivel de los hábitos. Propone soluciones en el entorno global, ahondando en la evolución progresista. Hay dos interpretaciones del 15M. Una, en clave nacional, critica la corrupción, defiende la participación ciudadana y reclama políticas de redistribución económica. De esta interpretación surgió Podemos. Otra, en clave europea e internacional, consciente de la enorme dependencia del sistema respecto al entorno, pide soluciones europeas y globales ante los riesgos de nuestro siglo -en la línea de Occupy Wall StreetNuit Debout o el incipiente nuevo movimiento ecologista-. Para que el metasistema 15M resulte exitoso, pleno, las reclamaciones de las dos interpretaciones deben convertirse en realidades.

   El sistema español contemporáneo está en declive; urge una evolución de este sistema social. Los riesgos económicos y climáticos obligan a una necesidad: la aceleración de la evolución del sistema, el cambio rápido, pero con solvencia, que evite una dura etapa de desintegración.


[1] Sistema -organización social delimitada- y entorno -sistema en el que se enmarca- se describen, entre otras obras, en Sistemas sociales. Lineamientos para una teoría general, compilación de la teoría de N. Luhmann.

[2] El ciclo de un sistema desarrollista dependiente del entorno responde a la lógica descrita para sistemas en rápida expansión; como ejemplo, las teorías de dos autores en distintos ámbitos: las etapas de los imperios descritas por Glubb y las “burbujas económicas” descritas por Kindleberger. Los imperios son sistemas desarrollistas que absorben recursos del entorno y que, generalmente, desarrollan cinco etapas: inicios, expansión, madurez, declive y colapso. Las “burbujas económicas” también presentan cinco etapas: sustitución, despegue, exuberancia, etapa crítica y estallido. Las “burbujas económicas” siguen las lógicas psicológicas y económicas de un mercado atractivo para la inversión con un rápido desarrollo; al principio, el activo o los activos logran captar a muchos compradores ante la previsión de crecimiento, pero a partir de la etapa crítica esas expectativas no se cumplen.

[3] Esta perspectiva diferencia entre tres niveles: hábitos, intercambio y política. El nivel de los hábitos responde a las lógicas del habitus de Bourdieu, enmarcado en el sentido común de época (hegemonía, en términos de Gramsci). El nivel de intercambio responde al desarrollo automatizado de las redes del sistema, dependiente de la autoprogramación, deep learning, del nivel de los hábitos y de la programación del nivel de la política. El nivel de la política programa, genera, los códigos, las normas, de las redes del sistema.

[4] Metamorfosis del sistema, en palabras de Edgar Morin.

[5] Sistemas sociales. Lineamientos para una teoría general.

[6] El equipo de tecnócratas del Opus Dei sienta las bases de la economía a través del Plan de Estabilización de 1959.

[7] Fuente: IEE.

[8] Fuente: Eurostat

[9] Fuente: CIS, 2001

[10] CIS, 2014. La selección de esta fecha se debe a la búsqueda de un año de declive no marcado por la cercanía de la crisis de 2008, pero tampoco muy alejado, ya que transmitiría un ligero optimismo que no se corresponde con la actual crisis sanitaria y económica.