Comunidades abiertas

   El territorio y los lugares de encuentro separan comunidades políticas. La separación, en situaciones de imposibilidad de reconciliación con el Estado, llevan al nacionalismo, cuyo fin último es la independencia.

   Por otro lado, hay una realidad sociopolítica previa a estados y naciones: el sentimiento de pertenencia a una comunidad. Frente al legalismo del Estado y a la búsqueda de fines de las naciones, la comunidad es una realidad dinámica en constante cambio, una generación de lazos afectivos que posibilita cualquier acción social. Hay comunidades profesionales, estéticas, éticas o ideológicas, territoriales… Esta lectura se orienta a la comunidad territorial, demarcada por la cercanía en el espacio y las experiencias compartidas en el tiempo.

   El proceso de globalización económica, hegemonía de los mercados internacionales, ha mermado considerablemente la capacidad de acción de los estados y ha precarizado las vidas generando inseguridades; ha roto lazos para la acción colectiva fomentando el hiperindividualismo. En esta situación, recuperar el sentimiento de comunidad es imprescindible, pero no el sentimiento de cualquier comunidad, ya que las atrocidades históricas más considerables siempre han sido realizadas por comunidades.

   Bauman escribió un muy buen libro, Comunidad, donde aborda una vez más sus conceptos de mixofobia y mixofilia. Era un defensor de la recuperación de los lazos sociales, pero sabía que las comunidades solo generan progreso cuando son abiertas. La demarcación colectiva genera un “nosotros” y una normatividad, pero nunca puede ir unida al odio al diferente, mixofobia, sino a la valoración e incluso atracción curiosa por lo distinto, mixofilia. Trabajar los lazos sociales para construir mejores futuros, apreciando e incluyendo las partes positivas de otras comunidades.

   Trabajar desde lo cercano, atendiendo al pasado común. Comunidad explora la gran dicotomía no irreconciliable de las sociedades: Libertad VS Seguridad. Hoy en día el funcionamiento sistémico genera muchas inseguridades, cambios constantes basados en una insaciable destrucción creadora de riqueza, acumulación económica no basada en el bienestar colectivo; y esta es la gran promesa incumplida del liberalismo. 

   El gran tratado económico liberal, La riqueza de las naciones, solo fue la mejor plasmación normativa que Adam Smith veía en el siglo XVIII para su Teoría de los sentimientos morales, basada en una búsqueda de la felicidad con rasgos aristotélicos: de bienestar, equilibrada, prudente. El propio Smith destacaba la empatía como herramienta más útil para el bienestar de las comunidades. El sentimiento de comunidad bien entendido, al fin y al cabo, es una clarificación de nuestra forma de ser para desarrollar una empatía sincera hacia otras comunidades. Y aquí entran en juego los análisis sobre cuál es nuestra forma de ser/estar.

   El pasado común genera nuestra cultura, ya que el lenguaje depende de los modos de vida cotidianos. La tradición tiene un gran fuerte, genera certezas, pero una gran debilidad, responde negativamente al cambio. Estas características la hacían gran valedora del orden social hasta hace poco. Pero pensemos en lo positivo: las certezas, que transmiten seguridad. Recuperar la comunidad es recuperar las certezas.

   Las certezas son culturales y económicas, pero cultural y económico no son mundos distintos, ya que todo es material y se piensa mediante palabras. El aumento de la productividad, por ejemplo, se realiza desde enfoques del trabajo. La evolución de las comunidades, necesaria para la cohesión en un mundo cambiante, se fundamenta en la idea de progreso; el progreso material permite curar enfermedades, facilitar la vida cotidiana o reducir la pobreza, el progreso ético contextualiza las relaciones sociales y los efectos de tecnologías para un mejor desarrollo personal. 

   El sentimiento de pertenencia se fundamenta en el bienestar que otorgan las herramientas comunitarias orientadas hacia el progreso; sirva como ejemplo la cohesión y orden del sistema chino durante las últimas décadas. Sin embargo, cuando la idea de progreso se incumple las comunidades se desunen, sirva como ejemplo la crisis sistémica en España.

   Finalizando la foto de paisaje de la idea de comunidad, poniendo en valor el enfoque de Bauman, debe apreciarse la utilidad presente, en una época donde volvemos a vivir el enfrentamiento entre la ilustración universalista y la reacción aislacionista.    

Tras la Revolución Francesa, hito de la ilustración universalista, teóricos reaccionarios criticaron con agudeza las debilidades de los universalismos donde todo se diluye, señalando las rugosidades del suelo que caminamos fundamentado sobre naciones. Del análisis de las rugosidades nació la Sociología, y en el enfoque sociológico de las comunidades, en el equilibrio entre Libertad y Seguridad, en la generación de redes de seguridad que generen certezas, se encuentra una salida justa ante la precariedad fundamentada en la hegemonía de los mercados internacionales, recuperando el valor del bienestar frente al bienestar como valor que cotiza en bolsa.

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