El sistema español, de 1960 a 2020

   Describir un sistema que abarca sesenta años de nuestra historia dejará matices sin abordar, al igual que observar un paisaje lejano impide fijarse en los pequeños detalles. Sin embargo, buscaré sintetizar los rasgos principales y las conclusiones que se pueden extraer del análisis del sistema español nacido en la década de los sesenta. En primer lugar, ¿cómo funcionan los sistemas sociales? De forma parecida a los ecosistemas naturales, con ciclos de vida, pero con rasgos propios de las características humanas. 

   No existen generalidades que se deban cumplir siempre en la evolución de los sistemas sociales, pero hay modelos de sistema, lo que permite su análisis. El modelo del sistema español contemporáneo se define por el desarrollismo dependiente del entorno[1]. El sistema evoluciona rápidamente, pero se vuelve vulnerable frente al entorno del sistema (Unión Europea y mundo globalizado). 

   Un sistema desarrollista dependiente del entorno, durante las primeras fases, capta gran parte de recursos del exterior (económicos y culturales), pero esta capacidad de absorción es limitada, lo que genera una segunda situación: la fragilidad en el entorno, en este caso globalizado, sin la capacidad de absorción desarrollista previa. Si en ese momento las expectativas no se cumplen, y el sistema no sigue desarrollándose a base del entorno, comienza el declive[2].

    Las etapas para analizar el sistema español contemporáneo son las siguientes: 

   Instauración (1960-1975): la etapa de instauración genera las bases de los hábitos[3] y las reformas económicas, nuevas normas del nivel de la política realizadas por quienes tienen capacidad de programación -poder-, que delimitan la aparición de un nuevo sistema.

   Asentamiento (1976-1991): la etapa de asentamiento confirma las bases de la etapa de instauración, dotando de mayor claridad a las normas que permiten un desarrollo más eficiente de las redes del sistema.

   Plenitud (1992-2008): la etapa de plenitud es el punto álgido del sistema, el momento en que su programación llega al máximo nivel de desarrollo.

   Declive (2009-2020): la etapa de declive muestra síntomas de agotamiento del sistema. Se comienza a señalar a las élites -se pone en tela de juicio la programación de las redes-.

   Desintegración: la etapa de desintegración sigue al declive. En este momento los síntomas de agotamiento se convierten en realidades y, o se genera un metasistema que sustituya/regenere el sistema[4], o este se ve abocado a la desunión sin confianza que puede llevar a su desintegración definitiva o a muy graves problemas de legitimidad.

   A continuación, se describe de forma breve la evolución de las cinco etapas en nuestro país.

Instauración (1960-1975)

   Un sistema social se diferencia de otro, como evolución de la situación previa, por cambios importantes en el nivel de los hábitos, inducidos generalmente por cambios importantes en el nivel de la política y, por supuesto, dependientes en gran medida de la economía. Este es el caso del nacimiento del sistema español contemporáneo durante los años sesenta. No identifico este sistema con ningún nombre concreto, más allá de la identificación con el modelo desarrollista dependiente del entorno, porque no se podría acercar a la complejidad del problema. Hay dos tipos de complejidad: inasible y estructurada[5]. Considero que dar un nombre al sistema forma parte de la complejidad inasible. Por otro lado, esta complejidad puede estructurarse, como se hará a continuación.

   El breve sistema previo (1939-1960) presentaba una clara organización fascista de la sociedad. Falange tenía la capacidad de influencia necesaria en Franco para programar las redes del sistema. Sin embargo, el ascenso de nuevas élites convirtió a un grupo de tecnócratas[6] franquistas en artífices del nuevo sistema, revolucionando el nivel de los hábitos.

   Destaca la adaptación de España al modelo económico del capitalismo fordista, ejemplificada en el Seat 600 -al igual que la sociedad de consumo empezó en Estados Unidos con la popularización del Ford T, y el modelo de negocio que traía consigo, en España, décadas más tarde, se repite con el Seat 600 como símbolo de la mejora de la capacidad adquisitiva de los trabajadores-. Frente a la economía de subsistencia anterior, autarquía, la apertura del país generó un impresionante crecimiento económico, con una media de crecimiento del PIB del 7,73%[7] entre 1960 y 1973, etapa del llamado “milagro económico español”. El sistema español se adaptó al entorno internacional inmerso en la incipiente globalización del mercado.

   El nivel de los hábitos se cimentó sobre cuatro principios: 

  1. El bienestar derivado del crecimiento económico. 
  2. La confianza en una España menos jerarquizada y con oportunidades.
  3. La visión cortoplacista, tanto en la economía como en el placer cotidiano.
  4. La apertura hacia el entorno global, especialmente hacia Europa.

   La última característica cobra especial relevancia. Durante los años sesenta se buscaba convertir a España en un país homologable al entorno internacional. Los hábitos se asientan sobre realidades materiales, económicas, que permiten que se desenvuelvan. Las bases de esta economía son la dependencia del turismo y capital exterior, unidas la modernización del bienestar, inicialmente con inversión en infraestructuras.

Asentamiento (1976-1991)

   Tras la muerte del dictador se instauran las bases políticas, institucionalizándose una democracia liberal a través del consenso. La programación autoritaria de las redes se sustituye por una programación democrática con élites.

   Todo sistema fue anteriormente un metasistema, un proyecto de sistema. El sistema de los sesenta planteaba la liberalización del país desde el Régimen Franquista. La evolución, tras la presión social durante décadas, llevó a la redacción de la Constitución de 1978 y a las bases de los Pactos de la Moncloa (1977).

   La programación de las redes del sistema responde al equilibrio y oposición entre las élites y la base -trabajadores-. Las élites cambian, absorbiendo a parte de la base, pero la mayor parte de ellas logran perdurar en el tiempo salvo en casos de disrupción -por ejemplo, tras la Revolución Rusa de 1917-.

   El nuevo nivel de la política cumplía la promesa de una España menos jerarquizada y con oportunidades. La nueva constitución establecía derechos y libertades únicos en el país, excepto durante el breve periodo de la Segunda República. Las relaciones de género empiezan a cambiar, en la línea de la desjerarquización -la superioridad jerárquica de los hombres sobre las mujeres, plasmada en el ordenamiento jurídico franquista, se vuelve menos rígida-. Como ejemplo, la Ley de Divorcio (1981).

   Durante los años ochenta las nuevas élites del PSOE, con poder dentro del sistema para integrar las demandas de la base, desarrollan una doble labor: la creación del estado de bienestar español y la entrada en la Comunidad Económica Europea (1986). De este modo, se cumple la programación económica inicial, es decir, la inclusión en el mundo globalizado a través de la integración en el mercado europeo -Comunidad Económica Europea- y la alianza con el proyecto transatlántico -OTAN-.

Plenitud (1992-2008)

   Las Olimpiadas de Barcelona de 1992, culminación de la integración de España en el entorno global, marcan el inicio del periodo de plenitud. Este hecho simbólico se acompaña de un factor crucial: el Tratado de Maastricht (1993), con la transición entre la Comunidad Económica Europea y la Unión Europea, dando comienzo a una integración mucho más amplia. Desde ese momento el sistema español depende y se enmarca en el sistema europeo.

   En el año 1993 estalla una crisis económica, hecho que puede mostrar contradictorio el inicio de la plenitud en 1992. Sin embargo, la plenitud de los sistemas no está determinada, aunque sí muy marcada, por el crecimiento y desarrollo de la economía. Esta crisis tiene origen en el entorno -crisis internacional-, afectando al inicio del periodo de plenitud. Durante los años setenta y ochenta también hay periodos de tensión y problemas económicos, pero la evolución del sistema continúa su curso. 

   Las élites del PP, tras la victoria en las elecciones de 1996, aceleran el desarrollismo económico iniciado en los sesenta, con la intensificación de la liberalización de la economía ya comenzada por Felipe González. Entre 1995 y 2007 la media de crecimiento del PIB es de un 3,5%[8]. Por otro lado, este gran crecimiento económico acentúa la llamada “burbuja inmobiliaria”, factor clave en la crisis de 2008. El atlantismo, la alianza con el mundo occidental y especialmente con Estados Unidos, encuentra su plenitud durante la participación en la Guerra de Irak, a través de un gran protagonismo del país en la OTAN. La creación de la moneda única europea, el euro, constituye un nuevo hito de la integración europea.

   A finales del año 2000 un 78,7% de los españoles se sentía muy satisfecho o bastante satisfecho con su vida, y solo un 9,6% se sentía bastante insatisfecho o muy insatisfecho[9], dato que corrobora cómo la programación de los hábitos había llegado a un nivel óptimo dentro del desarrollo del sistema. La primera legislatura de J.R. Zapatero (2004-2008) avanza en la promesa de desjerarquización de la sociedad -como hito el matrimonio homosexual-. La apertura al entorno global encuentra su plenitud cultural durante estos años.

Declive (2009-2020)

   La crisis de 2008 destapa los problemas económicos estructurales del sistema. La dependencia del entorno, unida al estallido de la “burbuja inmobiliaria”, agravan los efectos de la crisis internacional que empieza en 2007. En enero de 2014 un 86,7% de los españoles creía que la situación económica era mala o muy mala, mientras que un 81,8% creía que la situación política también era mala o muy mala[10].

   El modelo desarrollista dependiente del entorno, después de haber llegado a su apogeo, puede extraer menos recursos del entorno. Este hecho ralentiza el desarrollo del sistema, el cumplimiento de las promesas de su programación, y se vuelve frágil ante el entorno. En este momento deben analizarse los problemas de los entornos europeo y global:

  1. Crisis económicas con dificultad de respuesta de los estados, inmersos en la hegemonía de los mercados internacionales.
  2. Dependencia del Sur respecto al Norte en la Unión Europea, que obligó a una reducción del bienestar en el sistema español tras la crisis de 2008.
  3. Crisis globales, actualmente sanitaria, pero sobre todo climática, que plantean grandes retos de futuro.

   También destaca el conflicto territorial entre Catalunya y el resto de España, dato más del declive y riesgo de desintegración territorial del país. La crisis económica derivada de la presente crisis sanitaria pondrá a prueba, una vez más, la resistencia del sistema. Frente a las graves crisis se evoluciona a partir de metasistemas -modelos alternativos que surgen en el interior del sistema-. Hasta ahora hay dos metasistemas: 15M y Vox, que se abordarán en el siguiente apartado.

¿Desintegración?

   La etapa de desintegración destaca por la desunión y desconfianza en la programación de las redes, con graves fallos en los mecanismos de reproducción sistémica. El bienestar prometido a través de los hábitos no se cumple. El sistema, en estos momentos, necesita una evolución/sustitución. 

    Vox es un metasistema nostálgico de la primera etapa durante los años sesenta, de la fase de instauración. Sin embargo, la promesa de oportunidades y desjerarquización, unida a la evolución progresista del sistema durante los últimos sesenta años, obligan a ejercer represión en un sistema evolucionado desde el metasistema Vox. Este metasistema sigue la misma línea que los populismos reaccionarios en otros países.

   El 15M es un metasistema nacido de la propia tendencia aperturista del nivel de los hábitos. Propone soluciones en el entorno global, ahondando en la evolución progresista. Hay dos interpretaciones del 15M. Una, en clave nacional, critica la corrupción, defiende la participación ciudadana y reclama políticas de redistribución económica. De esta interpretación surgió Podemos. Otra, en clave europea e internacional, consciente de la enorme dependencia del sistema respecto al entorno, pide soluciones europeas y globales ante los riesgos de nuestro siglo -en la línea de Occupy Wall StreetNuit Debout o el incipiente nuevo movimiento ecologista-. Para que el metasistema 15M resulte exitoso, pleno, las reclamaciones de las dos interpretaciones deben convertirse en realidades.

   El sistema español contemporáneo está en declive; urge una evolución de este sistema social. Los riesgos económicos y climáticos obligan a una necesidad: la aceleración de la evolución del sistema, el cambio rápido, pero con solvencia, que evite una dura etapa de desintegración.


[1] Sistema -organización social delimitada- y entorno -sistema en el que se enmarca- se describen, entre otras obras, en Sistemas sociales. Lineamientos para una teoría general, compilación de la teoría de N. Luhmann.

[2] El ciclo de un sistema desarrollista dependiente del entorno responde a la lógica descrita para sistemas en rápida expansión; como ejemplo, las teorías de dos autores en distintos ámbitos: las etapas de los imperios descritas por Glubb y las “burbujas económicas” descritas por Kindleberger. Los imperios son sistemas desarrollistas que absorben recursos del entorno y que, generalmente, desarrollan cinco etapas: inicios, expansión, madurez, declive y colapso. Las “burbujas económicas” también presentan cinco etapas: sustitución, despegue, exuberancia, etapa crítica y estallido. Las “burbujas económicas” siguen las lógicas psicológicas y económicas de un mercado atractivo para la inversión con un rápido desarrollo; al principio, el activo o los activos logran captar a muchos compradores ante la previsión de crecimiento, pero a partir de la etapa crítica esas expectativas no se cumplen.

[3] Esta perspectiva diferencia entre tres niveles: hábitos, intercambio y política. El nivel de los hábitos responde a las lógicas del habitus de Bourdieu, enmarcado en el sentido común de época (hegemonía, en términos de Gramsci). El nivel de intercambio responde al desarrollo automatizado de las redes del sistema, dependiente de la autoprogramación, deep learning, del nivel de los hábitos y de la programación del nivel de la política. El nivel de la política programa, genera, los códigos, las normas, de las redes del sistema.

[4] Metamorfosis del sistema, en palabras de Edgar Morin.

[5] Sistemas sociales. Lineamientos para una teoría general.

[6] El equipo de tecnócratas del Opus Dei sienta las bases de la economía a través del Plan de Estabilización de 1959.

[7] Fuente: IEE.

[8] Fuente: Eurostat

[9] Fuente: CIS, 2001

[10] CIS, 2014. La selección de esta fecha se debe a la búsqueda de un año de declive no marcado por la cercanía de la crisis de 2008, pero tampoco muy alejado, ya que transmitiría un ligero optimismo que no se corresponde con la actual crisis sanitaria y económica.

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